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viernes, 21 de septiembre de 2012

Dionisio Cañas, España



En otro lugar del tiempo
11 – 9 - 2001

Un hombre se lanza al vacío.
Su pasado ha dejado de existir.
Su presente es esta larga caída,
este sereno descenso hacia la muerte.
Todo ha quedado
suspendido
como el soplo de una canción sin palabras.
Su teléfono móvil cae sonando con él:
una sórdida llamada de la vida.
Él ya no puede responder,
va bajando tiernamente hacia la muerte.
Un hombre va cayendo
hacia una llanura de cemento
donde miles de seres humanos
huyen como estrellas fugaces que quisieran
abandonar un universo en llamas,
un oscuro universo en el que Dios
se ha escondido avergonzado
de su propia creación.
Él alza los ojos hacia el cielo;
no hay respuesta posible.
Todo es de una serenidad sorprendente
y él sólo oye el silbido del aire que le roza la piel
mientras va descendiendo hacia su muerte.
“¿Qué hora será? ¿Dónde estarán mis hijos?”
Él no sospecha que sus preguntas
ya las hace desde otro lugar del tiempo,
otro lugar donde abrirá los ojos y verá un vacío
como vacío está ahora su propio corazón.


* * *


La flor de la alfalfa

Un hombre anda solitario por las calles del pueblo,
siente que en humo se deshacen sus días
y que la noche
esta borrando las huellas de un imposible amor.
Sus deseos son aves quemadas por el aíre,
La caída de la lluvia sobre un campo segado,
el óxido donde mueren
las palomas de la ciudad.
Ahora estamos tendidos frente a un lago,
cerca juega tu hijo y olvidamos
que sólo somos la piel de una misma muerte.
Nos hemos puesto barro sobre el cuerpo
y nos une y amasa el sudor de la tierra,
este aire que huele a romero, melonares y viñas.

Con pocas cosas vive dichoso el hombre,
me dijiste cuando subíamos al coche;
yo también fui feliz una tarde de verano
en la hora cuando el sol era un incendio blanco
y las pequeñas flores de la alfalfa
brillaban invitándome a celebrar la vida.

Nunca andará solo el hombre que con otros
Ha compartido un instante feliz
Porque las calles le recordarán un nombre
Aunque vea a su amor escrito con el humo,
O le espera la muerte en cualquier bar.


* * *


Septiembre, cuando llegue la vendimia

No sólo en primavera florecen los rosales,
también trae el otoño, con su sabor de muerte,
una luz similar a la del girasol
que vuelve la cabeza cuando pasa
con señorío antiguo el astro de los días.

En Nueva York son jóvenes todavía las arcillas
y a mi pueblo ha llegado el sabor del otoño,
y el tierno atardecer con su sol de membrillo.
Más allá de los bares vacios de Manhattan
está la tierra antigua que a todos nos espera
verde y morada, silenciosa y nuestra.
Ya recogen las uvas primeras de septiembre
bajo el cielo nublado de un agrio amanecer
mientras en estos parques van ardiendo las hojas
y el río inicia su largo camino hacia el helado
rostro invernal que cubrirá las aguas.
También allí en el pueblo están blancos los árboles
pero de escarcha en este plomizo amanecer.
La niebla rozará los montes cuando
Cambien los pájaros el color de sus plumas.
Tibias anuncian el aire las heladas
porque prefiere el clima favorecer la tierra
y huele a miel la cosecha de este año.
Junto al río los árboles son recuerdos de hojas,
y la luz se retira cansada y amarilla
entre los edificios de New Jersey.

A esta hora de la noche en que estoy escribiendo
cuando para ti se anuncia otro día laborable,
las palabras me traen el olor de tu cuerpo
y el deseo de ser siempre tú y yo
la flor del tiempo que no queman los fríos
vientos del norte que castigan la tierra.


* * *


Bajo la higuera

Aquí han muerto mis abuelos,
en soledad he leído algunos libros
y en una noche de verano
también hice el amor.
Es cierto que bajo estas hojas
ásperas como los días
en que el mundo parece no tener sentido
he visto las primeras estrellas
y que a pesar del tierno terciopelo
y del oro que adornan las gargantas
prefiero el seco perfume de la higuera.
Los gatos se pasean por sus ramas
y los pájaros devoran cada año
el fruto negro que el árbol nos entrega
como un dulce y enlutado regalo
alegrándonos el paso de los días.
Alguna vez he llorado bajo esta higuera
porque he visto en su soledad la nuestra
y en las arrugas de su retorcido tronco
los tatuajes del tiempo.
En el delirio eléctrico de la borrachera
he vuelto a enamorarme en este patio
y he charlado con las hojas oscuras
mientras me vigilaba la luna de diciembre.
Aquí me ha visitado algún amigo muerto
y hemos hablado de Nueva York
y de este pueblo trapecista
que se sostiene entre un cielo cegador
y el vacio de las cuevas.
Como una fecha irreal he visto escrito
el día en que nací en esta casa
donde mis padres se amaron sin saber
que yo sería tan sólo su torpe resultado.
Cuando en Manhattan pienso en ti,
vieja hermana de manos verdes,
siento que la vida siempre ha tenido razón,
que es el hombre quien hace su destino
y acepto esta temprana derrota del amor.


* * *


Lágrimas de cristal

Los que lloran cuando todo el mundo baila,
los que bailan cuando todo el mundo reza,
los que conocen el ácido de la memoria,
los que han sido parte de la peor historia,
los que han sido el peor chiste de todos,
los que ríen de sí mismos, los pesimistas,
los optimistas, los alegres invitados a la muerte,
los poetas.
Solo una raza de lenguas cortadas
podría ya salvarlos, porque han hecho
del amor una leyenda, del dolor un espectáculo,
de la vida una baba de palabras…
Solo la alegría podría ya salvarlos,
y el silencio de las piedras consolarlos,
porque no han estado nunca solos,
porque no han fracasado aún lo suficiente,
porque no han amado aún lo suficiente,
porque no han sabido ver en una lágrima
la ternura del mundo, la vida, la hermosura
del universo reflejada
en un grano de sal.



* * *




Corazón de perro

Corazón de perro has de tener
Pasas por la puerta del bar
Y no entras a beber

Con los ojos de un perro he mirado el mundo,
tenebroso y hermoso en un atardecer
nublado, en la Alameda,
cuando un arco iris podaba los viñedos.

He visto
        el mundo en los ojos de un perro,
sus bondades, sus cienos, su hoz, su locura,
el ruido del dinero,
mientras el río Guadiana se seca sin canción.

Con los ojos de un perro he mirado el mundo,
he visto los tractores verdes y rojos
perderse entre las lluvias
como quien entra
en una discoteca de cristal
donde bailan eléctricos
                                        los esqueletos del amanecer.

He visto
         el mundo en los ojos de un perro
y he comprendido que es hermoso vivir
en este día de tormenta, en la Alameda,
cuando es ácida la luz que entra
                                                            en mis ojos de perro.

Algún día se irá
y recordará, corazón de perro,
este bar de La Mancha donde
una tarde tenebrosa y hermosa,
entre vinos y amigos,
volvió a tener la vida
                                      el olor de las tormentas.

He visto…

©Dionisio Cañas

lunes, 26 de septiembre de 2011

Carlos Guerrero, España


En un lugar distante


En un lugar distante me he de encontrar
cuando vuelvan las nubes del invierno
para teñir la cama de un color casi oscuro,
fugados para entonces nuestros cuerpos
de exacto amanecer entre sábanas tristes,
tintadas de humedad en derramado semen
(ni tampoco deseo de tu desnudo sexo)


Este calor absurdo,
apenas me permite recordar con certeza
aquellos dos amantes
(quisieron clandestinos)
que en una aciaga tarde se encontraron
en ese absurdo cuarto, carente de cortinas,
siquiera sabedor de nuestros nombres.

(del poemario Arte de náufrago)




* * *


Barco de papel

Fue de papel, y en el estanque
de los juegos y los peces de colores
flotó por un momento.

Movido por mi mano,
velamen infantil desprovisto de intención
siquiera de dominio,
quise guiarle, indemne, a la segura costa,
al socaire del viento y de la muerte. 

Se deshizo sin más. Apenas tuve tiempo
de rezar un responso ante tal desventura.

Naufragó junto al pez de colores difusos,
bajo el agua enjaulada de la fuente,
sobre el verdín que el tiempo puso allí,
borrando sin remedio tu rostro inscrito en él.





* * *





Recaba mi atención


Recaba mi atención cómo las sombras,
desvestidas de cualquier artificio,
(tampoco constreñidas al papel de ser sombras)
avanzan implacables sobre un mundo en color.

A pecho descubierto,
sin permitir la opción a cualquier resistencia
por parte de la luz,
conjugan su atrever con su opaco atractivo,
misterio que conmueve al ignorante ser
que habita en altas casas donde el sol sobresale
sobre nubes de aire y algodón deshilado.

Pero la sombra, es sombra
por mucho que disfrace su color primigenio.
Cuando ocupa las calles, se evaporan las flores,
se confunden los pájaros,
los abiertos portales se pueblan de fantasmas,
abyectos, los recuerdos
ocupan su lugar de casi frío,
el farol necesario se prende, repentino,
para alumbrar un tiempo de infinita tristeza,
los niños ya no están,
vaciaron las plazas de gritos y de risas,
y el tiempo se transforma en historia de otros.

Después, la noche cubre la razón de estar vivo.


(del poemario "En una luz distinta")




* * *


Incomprensión



Me miras sin piedad, abiertamente,
como se mira a un cuadro que cuelga en la pared
sin defensa posible;
como miras la noche sabida desde antes;
y me siento perdido;
y abrasa tu mirada que taladra mi nuca,
mi sexo y mi costado y quisiera decirte,
pero tengo los labios sellados a tu nombre.


(del poemario "Los espacios vacíos")



* * *


Es apenas la hora

Es apenas la hora donde nace la tarde.


A través del cristal, borroso por el vaho
que mi aliento y el frío configuran,
contemplo la ciudad húmeda y sucia.


Allí se calla el viento,
los hombres se arrodillan cuando llega la noche
y los pájaros, mudos,
en el frío inclemente se mueren de tristeza.


Es la ciudad del miedo y la miseria,
de paredes desnudas siquiera de grafitis,
de magia aniquilada y viejos saltimbanquis
pateando sin piedad sobre sus losas.


Es la ciudad perdida en los mapas ociosos.
La ciudad que ha entregado sus rincones,
antes llenos de luz y amanecida,
a los perros locuaces que atontan a los gatos.

Tampoco se oye un ruido.
Mismamente parece que el Ángel Vengador
vagara entre mil coches parados sin remedio.

El hambre y la injusticia han colmado sus plazas
de corbatas sin dueño y carteras vacías.

(del poemario "Soliloquios en voz alta")



* * *


Al sur de las ciudades

Al sur de las ciudades,
allá donde los mapas concluyen sus historias,
el mar lo anega todo,
el cielo es casi gris y los ojos no alcanzan,
tiene su enclave Ítaca.

Ahí hemos de llegar, es necesario,
antes de que las nubes nos borren el verano,
antes que nuestras piernas a caminar se nieguen,
antes que nuestra vista desconozca el sendero,
antes que nuestro corazón, audible apenas,
nos quite del amor y deje que el vacío
se adueñe del presente y de la historia.

A Ítaca hay que arribar en lozanía,
mientras nos emocionan la risa de los pájaros,
el canto de los niños y el cuerpo de las madres
y seamos capaces de mirar al espejo,
sintiendo la pasión renacer cada noche
sin siquiera importarnos si quedará un mañana.

El resto, ya no importa.
Entraremos cantando allí donde los ojos
no alcanzan los confines,
el cielo es casi gris y las ciudades
no saben de su sitio.

(del poemario "Eternidades")


Todos los derechos reservados




martes, 11 de enero de 2011

Rosario Bersabé Montes, (Andalucía, España)

Triste Navidad

 Vagando Por la calle, en mi ciudad,
me topé con los ojos de un chiquillo,
una mano metida en un bolsillo
y la otra suplicando caridad.

Señor, señora, tengan la bondad
falta de todo en nuestra humilde mesa
y a mi madre le hice la promesa
que esta noche tendríamos navidad.

Abrí el bolso y le entregué, a la sazón,
tres miserables euros solamente,
¡cuánto reproche mientras los tomaba!

La culpa laceró mi corazón
viendo cómo el chiquillo se alejaba
contando las monedas tristemente.

                     * * * * * *
La golondrina

Te encaprichaste de una golondrina,
y quisiste prenderla entre tus manos,
¡pobres esfuerzos, fútiles y vanos!
Te burló en escapada repentina.

Tu boca le ofreció una golosina
con fines y propósitos insanos,
y sajando tus labios soberanos   
bebiste de tu propia medicina.

Aspirabas con mimos apresarla,
y al ver que doblegarla no podías,
probaste por la fuerza  aprisionarla.

Dolorida y asustada cayó al suelo,
y abrió sus alas levantando el vuelo
cuando pensabas que la poseías.

                * * * * *

¡Como lobo! (contra la violencia)

Como lobo rasgando a dentelladas
destrozaste ilusiones sin conciencia,
supiste sin dudar y con paciencia
atacar y clavar las puñaladas.

Llevo amargor prendido entre los labios,
el  llanto congelado en las pestañas,
acíbar  corrompido en las entrañas,
pesar  que no soporta  más agravios,

corazón donde más dolor no cabe.
El veneno que sale de tu boca
y que amenaza con volverme loca,
me propongo encerrarlo bajo llave.

No vengas a rogarme mil perdones,
¿ignorar tus ofensas?  ¡Imposible!
No quieras defender lo indefendible
ni quieras imponerme tus razones.

No vengas a ponerme condiciones,
no quiero que mis sueños los destruyas,
¡nunca más, en mi vida te inmiscuyas,
que no perdono más humillaciones!


miércoles, 5 de enero de 2011

José Luis Zúñiga, (España)



Esta tarde

No sé dónde esculpieron tu cintura de hielo
ni en qué fragua forjaron esos pechos metálicos.
Más vale no saberlo cuando el sofá que acoge
nuestros cuerpos desnudos está como de vuelta
y esa música ajena, la del piso de al lado,
nos envuelve en su scherzo de violines en celo.

Yo quisiera ser gato, nada más, y maullarte
y acurrucarme entero en tu regazo helado,
y cogerte la mano, la que te deja libre
el cigarrillo apenas encendido, y decirte
lo mucho que te añoro debajo de la manta
en estas tardes lacias en que me aterrorizan
las garras del recuerdo de lo que nunca ha sido.

Se me pasan las tardes en glaciares y fuegos
preguntando al loquero por qué tanta locura,
tantos rincones sucios en este sanatorio
al fin y al cabo misericordioso.
                                         * * * *

Brechtiana

Primero fueron a por los que bebían.
Yo no bebía, no me importó mucho.

Fueron después a por los que fumaban.
Yo no fumaba, no me importó mucho.

Continuaron con los que creían
que vivían.
Yo no creía, no me importó mucho.

Cuando fueron a por los que vivían
sin importarles nada los demás,
entonces
ya no tuvo remedio. 
                                  * * * * *

Ella (12)

Conjugo sangre 
y me diluyo en ti. 
Tanto. Tan dentro.

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Cargan mis alas
un cansancio oxidado:
busco en tu vuelo.

---

Juntos mirábamos
las aves que migraban.
Nos fuimos lejos.

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Tarde. Ventana.
Espejo sin azogue.
Tarde. Tú. Yo
Tiempo a destiempo