miércoles, 14 de mayo de 2014

Miguel Alberto Ochoa Jr García, Tijuana, México

Gatos salvajes

Con la desmesura de las cosas
infinitas, miro el vuelo suficiente
de las aves y descubro que puedo
vivir en sus alas un instante.

Con la suerte de los colores
y los ocios, con la forma errada
de construcción, de un momento
a otro atisbo que el descubrimiento
es un cerrojo que con amor se abre.
Así vuelo y no vuelo cuando uno
del cerrojo sale.

Cada mar es un tocamiento de
identidades que viven en las 
cosas simples de las que uno
sabe: sabe y no sabe desde
el alumbramiento de un caminar
desentendido de caminos,
mas no, de gatos salvajes.


* * * * * *


A consumarse

Las cosas vuelven a terminar de consumarse
a gritar, a caminar, a lanzarle rocas
a las gaviotas y a pisar charcos.

vuelven con un ánimo rocoso y transparente,
dispuesto a calcificarse.

Como dispuestos a evaporarse
entre lumbres y motivos.

Dispuestos a conocer el tiempo
en su interminable máscara
de luz cóncava, circular.


* * * * * *


Nos llovemos

Esta soledad se multiplica
a borbotones.
Llega como lluvia e invade todo.
Tempestad que no se cansa
e Inmediara a la vista
colora y descolora el día
según la profundidad
del recuerdo.

Unos está solo por todos lados
sumido en un punto
donde mido al mundo
con tu ausencia.

Que cansada lejanía recorre 
la memoria.

No le puedo mentir a 
los lugares que fueron
benditos por tus pies
e insertar imágenes
paganas.

Creer que puedo cerrar 
los ojos y verte.

Que cansada memoria
recorre tu lejanía y que
cansada línea nos 
atraviesa sin
matarnos.

©Todos los derechos reservados: Miguel Alberto Ochoa Jr García




miércoles, 3 de octubre de 2012

Carlos Órdenes Pincheira, Chile



Eternidad

(lo imposible)

Hace tres mil años nos besamos
en la espesura de un bosque petrificado.
Nuestro amor quería romper
la niebla del espacio y del tiempo.
El mar nos decía que seríamos infinitos.
Al cruzar la estepa de los siglos
habría tiempo papa beber
aquellos crepúsculos que no alcanzamos apercibir.

II

El aciano azul lloraba
cuando una mortaja ciñó tu cuerpo.
El viento gemía
ante el derrumbe de tu templo,
La humedad te tocaba en pleno corazón..

III

Mil años después,
huérfano de luz, besé el polvo del camino.
Algo tuyo palpitaba en él.
Murmuré: “Te amo, polvo mío.
Esperaré que relumbres como un ídolo de bronce.
Caminaremos juntos bajo la noche gigante
y hasta el simple trébol
cual la oveja de los mares
se arrodillará a nuestros pasos.

IV

Un día de te vi nacer
con el regocijo de un naranjo en flor.
Pero ya mis pasos estaban amarillos.
El silencio me arrastraba a su morada.
Habías llegado tarde.
La muerte disgregaba mis espinas.
Los cipreses nunca comprendieron
por que la tierra se agitaba en las noches de calma...

V

Hoy nos hemos encontrado.
Yo soy un faro ciego que en vano lucha
contra las tempestad
Tedio florece en mi costado
Los ojos vagan sin rumbo por las playas. .

Tu llegada será tranquila como el lento gotear de la aurora.
Reconoceré tu voz,
tu cuerpo solemne,
dadivoso en abandonos.
La desterrada juventud tornará a mi frente y
en las palma de mis manos comenzarán a caer estrellas.

VI

Nos amaremos como se aman los árboles en la noche.
Nunca mancillará nuestra marcha la hipocresía.
Despojada del manto de los atavismos,
querré verte desnuda
como esta mano que aún no cautiva los cielos.
Has de ser tan generosa como el agua,
amplia como el océano.
serás hermana de mi silencio,
sosiego de mis volcanes y
transformaré tus fuegos en la felicidad del agua dormida.

No te detendrás ante ningún escollo.
Mi barro triste estará contigo.
Y estoy cierto que en tres mil años
volveremos a leer este poema
en la espesura del bosque petrificado...

(de "Eternidad", 1967)



* * *


La verdad del poeta

caminar sobre brasas
adentro del yo vital, único heredero de la honradez
unido
a la médula del viajero
sin tropiezo,
atento a la alta luz de los aromos...

auténticos hijos de la oscuridad
quisieran volcar
el agua magnífica, puro sol, enredo feliz de lunas...

lo trascendente para ellos es trizar la sinfonía,
incendiar
alas, alamedas, algunas algas alborotadas,
crear la tempestad
de los espantos, industriales del miedo pretenden
gobernar un pueblo de ovejas...

es el sino de la mano aleve y
el corazón empedernido creando infamias al amanecer...
la joya fulgurante
-belleza para el poeta-
tenerla en la cumbre de su quimera,
sostenerla siempre...

hambre, frío, tos, soledades,
por custodiar las palabras en un libro de lluvias...
hay una sepultura
para quien la lleve a los salones de la hipocresía...
afiladas garras, criminales miradas
para detener el ritmo...

desde mi rincón veo pasar las bestias
que hacen de los infantes
una historia negra, amarga, doliente...
todo un alud de injurias para borrar
la gracia de ser...
pulverizar la ternura,
apagar las voces y
no exista quien denuncie la matanza de ilusiones
de pueblos abandonados en miseria y olvidos...

entre fauces y muslos sigue avanzando
con la antorcha que todos quisieran apagar...



* * *


Viento

Trae un cargamento de sílabas: las empiezo a unir,
un terror helado
me recorre la piel: genocidios, bombas, incendios, catástrofes...
En la pantalla del horizonte
parecieran verse escenas de hielo:
guerras,
infantes de vientres abultados, apenas sostenidos por un par de huesos,
otros, perdida para siempre la luz,
madres tronchadas, violadas, muertas...
Es el mundo manejado por cobardes: no trepidan
en aplastar la esenia de la vida.
¡Miserables!
¡Escorias!
¡Torcidos engendros!
Avanzan hermanados a la mortandad, sus odios mancillan sueños,
manitas recientes,
jóvenes hundidos
en la quejumbrosa tierra dolorida de tantas masacres...
nada los detiene,
ni ancianos arrodillados,
rostros llorosos desencajados de espanto.
El viajero de cristal murmura sobre una cruz retorcida...
En qué rincón o quebrada
es posible encontrar una sola gota de piedad?
Lámparas del planeta
comienzan a apagarse, el firmamento se quiebra
las aguas se arrugan
ante fabricadas oscuridades.
Inocentes sollozan en las esquinas por sus padres fantasmas.
¡Cómo duele ver
este desfile
de cáscaras empujadas al abismo!..
Deben crecer aprisa los niños de hoy para que mañana
quemen la maldad,
construyan otro cielo y
exista un reparto justo de luciérnagas...

©Todos los derechos reservados: Carlos Órdenes Pincheira

viernes, 21 de septiembre de 2012

Dionisio Cañas, España



En otro lugar del tiempo
11 – 9 - 2001

Un hombre se lanza al vacío.
Su pasado ha dejado de existir.
Su presente es esta larga caída,
este sereno descenso hacia la muerte.
Todo ha quedado
suspendido
como el soplo de una canción sin palabras.
Su teléfono móvil cae sonando con él:
una sórdida llamada de la vida.
Él ya no puede responder,
va bajando tiernamente hacia la muerte.
Un hombre va cayendo
hacia una llanura de cemento
donde miles de seres humanos
huyen como estrellas fugaces que quisieran
abandonar un universo en llamas,
un oscuro universo en el que Dios
se ha escondido avergonzado
de su propia creación.
Él alza los ojos hacia el cielo;
no hay respuesta posible.
Todo es de una serenidad sorprendente
y él sólo oye el silbido del aire que le roza la piel
mientras va descendiendo hacia su muerte.
“¿Qué hora será? ¿Dónde estarán mis hijos?”
Él no sospecha que sus preguntas
ya las hace desde otro lugar del tiempo,
otro lugar donde abrirá los ojos y verá un vacío
como vacío está ahora su propio corazón.


* * *


La flor de la alfalfa

Un hombre anda solitario por las calles del pueblo,
siente que en humo se deshacen sus días
y que la noche
esta borrando las huellas de un imposible amor.
Sus deseos son aves quemadas por el aíre,
La caída de la lluvia sobre un campo segado,
el óxido donde mueren
las palomas de la ciudad.
Ahora estamos tendidos frente a un lago,
cerca juega tu hijo y olvidamos
que sólo somos la piel de una misma muerte.
Nos hemos puesto barro sobre el cuerpo
y nos une y amasa el sudor de la tierra,
este aire que huele a romero, melonares y viñas.

Con pocas cosas vive dichoso el hombre,
me dijiste cuando subíamos al coche;
yo también fui feliz una tarde de verano
en la hora cuando el sol era un incendio blanco
y las pequeñas flores de la alfalfa
brillaban invitándome a celebrar la vida.

Nunca andará solo el hombre que con otros
Ha compartido un instante feliz
Porque las calles le recordarán un nombre
Aunque vea a su amor escrito con el humo,
O le espera la muerte en cualquier bar.


* * *


Septiembre, cuando llegue la vendimia

No sólo en primavera florecen los rosales,
también trae el otoño, con su sabor de muerte,
una luz similar a la del girasol
que vuelve la cabeza cuando pasa
con señorío antiguo el astro de los días.

En Nueva York son jóvenes todavía las arcillas
y a mi pueblo ha llegado el sabor del otoño,
y el tierno atardecer con su sol de membrillo.
Más allá de los bares vacios de Manhattan
está la tierra antigua que a todos nos espera
verde y morada, silenciosa y nuestra.
Ya recogen las uvas primeras de septiembre
bajo el cielo nublado de un agrio amanecer
mientras en estos parques van ardiendo las hojas
y el río inicia su largo camino hacia el helado
rostro invernal que cubrirá las aguas.
También allí en el pueblo están blancos los árboles
pero de escarcha en este plomizo amanecer.
La niebla rozará los montes cuando
Cambien los pájaros el color de sus plumas.
Tibias anuncian el aire las heladas
porque prefiere el clima favorecer la tierra
y huele a miel la cosecha de este año.
Junto al río los árboles son recuerdos de hojas,
y la luz se retira cansada y amarilla
entre los edificios de New Jersey.

A esta hora de la noche en que estoy escribiendo
cuando para ti se anuncia otro día laborable,
las palabras me traen el olor de tu cuerpo
y el deseo de ser siempre tú y yo
la flor del tiempo que no queman los fríos
vientos del norte que castigan la tierra.


* * *


Bajo la higuera

Aquí han muerto mis abuelos,
en soledad he leído algunos libros
y en una noche de verano
también hice el amor.
Es cierto que bajo estas hojas
ásperas como los días
en que el mundo parece no tener sentido
he visto las primeras estrellas
y que a pesar del tierno terciopelo
y del oro que adornan las gargantas
prefiero el seco perfume de la higuera.
Los gatos se pasean por sus ramas
y los pájaros devoran cada año
el fruto negro que el árbol nos entrega
como un dulce y enlutado regalo
alegrándonos el paso de los días.
Alguna vez he llorado bajo esta higuera
porque he visto en su soledad la nuestra
y en las arrugas de su retorcido tronco
los tatuajes del tiempo.
En el delirio eléctrico de la borrachera
he vuelto a enamorarme en este patio
y he charlado con las hojas oscuras
mientras me vigilaba la luna de diciembre.
Aquí me ha visitado algún amigo muerto
y hemos hablado de Nueva York
y de este pueblo trapecista
que se sostiene entre un cielo cegador
y el vacio de las cuevas.
Como una fecha irreal he visto escrito
el día en que nací en esta casa
donde mis padres se amaron sin saber
que yo sería tan sólo su torpe resultado.
Cuando en Manhattan pienso en ti,
vieja hermana de manos verdes,
siento que la vida siempre ha tenido razón,
que es el hombre quien hace su destino
y acepto esta temprana derrota del amor.


* * *


Lágrimas de cristal

Los que lloran cuando todo el mundo baila,
los que bailan cuando todo el mundo reza,
los que conocen el ácido de la memoria,
los que han sido parte de la peor historia,
los que han sido el peor chiste de todos,
los que ríen de sí mismos, los pesimistas,
los optimistas, los alegres invitados a la muerte,
los poetas.
Solo una raza de lenguas cortadas
podría ya salvarlos, porque han hecho
del amor una leyenda, del dolor un espectáculo,
de la vida una baba de palabras…
Solo la alegría podría ya salvarlos,
y el silencio de las piedras consolarlos,
porque no han estado nunca solos,
porque no han fracasado aún lo suficiente,
porque no han amado aún lo suficiente,
porque no han sabido ver en una lágrima
la ternura del mundo, la vida, la hermosura
del universo reflejada
en un grano de sal.



* * *




Corazón de perro

Corazón de perro has de tener
Pasas por la puerta del bar
Y no entras a beber

Con los ojos de un perro he mirado el mundo,
tenebroso y hermoso en un atardecer
nublado, en la Alameda,
cuando un arco iris podaba los viñedos.

He visto
        el mundo en los ojos de un perro,
sus bondades, sus cienos, su hoz, su locura,
el ruido del dinero,
mientras el río Guadiana se seca sin canción.

Con los ojos de un perro he mirado el mundo,
he visto los tractores verdes y rojos
perderse entre las lluvias
como quien entra
en una discoteca de cristal
donde bailan eléctricos
                                        los esqueletos del amanecer.

He visto
         el mundo en los ojos de un perro
y he comprendido que es hermoso vivir
en este día de tormenta, en la Alameda,
cuando es ácida la luz que entra
                                                            en mis ojos de perro.

Algún día se irá
y recordará, corazón de perro,
este bar de La Mancha donde
una tarde tenebrosa y hermosa,
entre vinos y amigos,
volvió a tener la vida
                                      el olor de las tormentas.

He visto…

©Dionisio Cañas

lunes, 26 de septiembre de 2011

Carlos Guerrero, España


En un lugar distante


En un lugar distante me he de encontrar
cuando vuelvan las nubes del invierno
para teñir la cama de un color casi oscuro,
fugados para entonces nuestros cuerpos
de exacto amanecer entre sábanas tristes,
tintadas de humedad en derramado semen
(ni tampoco deseo de tu desnudo sexo)


Este calor absurdo,
apenas me permite recordar con certeza
aquellos dos amantes
(quisieron clandestinos)
que en una aciaga tarde se encontraron
en ese absurdo cuarto, carente de cortinas,
siquiera sabedor de nuestros nombres.

(del poemario Arte de náufrago)




* * *


Barco de papel

Fue de papel, y en el estanque
de los juegos y los peces de colores
flotó por un momento.

Movido por mi mano,
velamen infantil desprovisto de intención
siquiera de dominio,
quise guiarle, indemne, a la segura costa,
al socaire del viento y de la muerte. 

Se deshizo sin más. Apenas tuve tiempo
de rezar un responso ante tal desventura.

Naufragó junto al pez de colores difusos,
bajo el agua enjaulada de la fuente,
sobre el verdín que el tiempo puso allí,
borrando sin remedio tu rostro inscrito en él.





* * *





Recaba mi atención


Recaba mi atención cómo las sombras,
desvestidas de cualquier artificio,
(tampoco constreñidas al papel de ser sombras)
avanzan implacables sobre un mundo en color.

A pecho descubierto,
sin permitir la opción a cualquier resistencia
por parte de la luz,
conjugan su atrever con su opaco atractivo,
misterio que conmueve al ignorante ser
que habita en altas casas donde el sol sobresale
sobre nubes de aire y algodón deshilado.

Pero la sombra, es sombra
por mucho que disfrace su color primigenio.
Cuando ocupa las calles, se evaporan las flores,
se confunden los pájaros,
los abiertos portales se pueblan de fantasmas,
abyectos, los recuerdos
ocupan su lugar de casi frío,
el farol necesario se prende, repentino,
para alumbrar un tiempo de infinita tristeza,
los niños ya no están,
vaciaron las plazas de gritos y de risas,
y el tiempo se transforma en historia de otros.

Después, la noche cubre la razón de estar vivo.


(del poemario "En una luz distinta")




* * *


Incomprensión



Me miras sin piedad, abiertamente,
como se mira a un cuadro que cuelga en la pared
sin defensa posible;
como miras la noche sabida desde antes;
y me siento perdido;
y abrasa tu mirada que taladra mi nuca,
mi sexo y mi costado y quisiera decirte,
pero tengo los labios sellados a tu nombre.


(del poemario "Los espacios vacíos")



* * *


Es apenas la hora

Es apenas la hora donde nace la tarde.


A través del cristal, borroso por el vaho
que mi aliento y el frío configuran,
contemplo la ciudad húmeda y sucia.


Allí se calla el viento,
los hombres se arrodillan cuando llega la noche
y los pájaros, mudos,
en el frío inclemente se mueren de tristeza.


Es la ciudad del miedo y la miseria,
de paredes desnudas siquiera de grafitis,
de magia aniquilada y viejos saltimbanquis
pateando sin piedad sobre sus losas.


Es la ciudad perdida en los mapas ociosos.
La ciudad que ha entregado sus rincones,
antes llenos de luz y amanecida,
a los perros locuaces que atontan a los gatos.

Tampoco se oye un ruido.
Mismamente parece que el Ángel Vengador
vagara entre mil coches parados sin remedio.

El hambre y la injusticia han colmado sus plazas
de corbatas sin dueño y carteras vacías.

(del poemario "Soliloquios en voz alta")



* * *


Al sur de las ciudades

Al sur de las ciudades,
allá donde los mapas concluyen sus historias,
el mar lo anega todo,
el cielo es casi gris y los ojos no alcanzan,
tiene su enclave Ítaca.

Ahí hemos de llegar, es necesario,
antes de que las nubes nos borren el verano,
antes que nuestras piernas a caminar se nieguen,
antes que nuestra vista desconozca el sendero,
antes que nuestro corazón, audible apenas,
nos quite del amor y deje que el vacío
se adueñe del presente y de la historia.

A Ítaca hay que arribar en lozanía,
mientras nos emocionan la risa de los pájaros,
el canto de los niños y el cuerpo de las madres
y seamos capaces de mirar al espejo,
sintiendo la pasión renacer cada noche
sin siquiera importarnos si quedará un mañana.

El resto, ya no importa.
Entraremos cantando allí donde los ojos
no alcanzan los confines,
el cielo es casi gris y las ciudades
no saben de su sitio.

(del poemario "Eternidades")


Todos los derechos reservados




lunes, 25 de julio de 2011

Antonio García Vargas, Andalucía, España



Zoo con figuras

¡Ay, Erasmo! Vivir no es nada fácil
en este extraño zoo con figuras
lleno de borricadas y ternuras
alternando lo bestia con lo grácil.

Quisiera sostener mi propio hilo
algunas noches más, algunos días.
No ser sólo perfil de greguerías
ni sentir de la espada el mero filo.

Ya los pasos de cebra me aprisionan
me persiguen semáforos danzantes
muchachas que decoran con sus guantes
mi fértil cara, chico. No razonan.

El amor tiene nombre y no se nombra:
claridad de principio, después sombra.



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Los silencios a veces

Los silencios a veces no son sino cadáveres
de palabras hermosas que no se pronunciaron
trozos de sentimiento
residuo en la placenta que nunca superó
el avatar del parto.

Los silencios son ecos que cual almas en pena
pugnan por ser nombrados.

En la gran biblioteca que guarda los silencios
debe estar el “te amo” que no dije aquel día
y la torpe mirada con que dije “hasta luego”
aquel anochecer.

La vida se compone, amada mía, de voces
que no se despegaron del tronco primigenio
de la pura inconsciencia.

La palabra es la esencia del Todo y de la Nada
y si no se pronuncia nos sume en el obscuro
infierno original del vinagre y la flor
podándonos el alma
haciendo del adentro apenas leve número
seguido de algún cero
y apenas… nada más.




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Las oscuras lagunas del homo sapiens

Le han crecido al almendro
hermosas yemas verdes.
Baja temperatura, apenas cero grados.
Los gorriones de escarcha
saludan al invierno.
La arboleda copula con lechos minerales.

Mientras, al otro lado del Génesis
las naves surcan impolutos horizontes.
En desiertos de arena mana el oro oscuro.
El ojo del lagarto refleja satélites lejanos
y el sol convierte en plomo
la giba del camello agonizante.

La tanqueta amarilla
bordea el viejo oasis y se apresta al disparo.
La aldea desaparece y la historia con ella
retrocede al Mioceno.

A lo lejos un mapa en la urbe dorada
señala apetecibles territorios.
Lo estudian opulentos jeques con corbata
magnates de occidente llegados del Averno
con sus ojos de cabra
gafas oscuras
mente estrecha
sayo largo
sopesando los riesgos y bondades
de provocar contagios para apaciguar el hambre
disminuyendo el número de bocas.

El almendro no sabe
de alquimia o matemáticas
mucho menos de números.
Puede que al retoñar esté anunciando su muerte.
Que al legar su materia a los ocasos
transmute sus anhelos y despojadas de cortezas
sus yemas con sus versos vegetales
consigan ser al fin poema.



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 Tijuana 2010

(Punto y seguido de un zócalo patrio que abraza y olvida)

Tú, la Tijuana que yace extendida, que no arrodillada;
hay en tus genes sabores de almizcle y danzas guerreras,
brindas tu cuerpo de diosa morena al viajero que llega
para después someterlo al hechizo de tu alma pagana.

Mezcla divina de sangres impuestas, de ardores y razas
cual mezcolanza de dones que hicieron de ti una princesa
engalanada con plumas sagradas, un símbolo azteca,
signo y señal de una historia que siempre será recordada.

Eres sutil sortilegio de alguna epopeya encantada,
un manantial de pasiones que a oscuras su ser desmelena,
la cenicienta del cuento, la fiera que acecha y espera;
hembra que ardiente deshoja en su pecho las flores del alma.

En tu perfil mejicano subyace tu sal y tu gracia,
eres la flor solitaria que acoge y deleita. Tu estela
cubre de esencias los cuerpos que al alba gozosa despiertas
entre rumores de abrazos-caricia y tañer de campanas.

Muestras la tierna templanza que sabe a requiebro y espada.
¡Ah, cicatriz de un paisaje! ¡Frontera que al ojo rebela!
¡Cruel realidad que le impone a tu tierra una injusta bandera!
¡Sabes que siempre serás la mirada-denuncia que calla!

Hoy a los ojos del mundo descollan tus logros, Tijuana,
californiana mixtura, mariachis sin hachas de guerra,
eres gentil primavera de brotes que al orbe se muestran:
¡Puerta que se abre y se cierra mistérica al todo y la nada!




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Narcisismo del agua y otras disquisiciones
ILos átomos se enlazan, se transforman en agua, se funden, se evaporan,
su esencia asciende al cielo. Ya nube, se descargan alfombrando los suelos.

Agua, criatura primera nacida del aire
y del fuego,
fluyes de dentro del hombre, de tierras,
del cielo y del mar.
Fiel compañera, principio y constante
de un mágico ciclo,
omnipotente elemento divino
que induce a la paz.
Cual presuroso Narciso contemplo
en el agua mi imagen
mas en el rostro aparece el reflejo
del cielo y la tierra;
bosques inmensos se miran conmigo
en el karma del agua,
toda la flora del mundo es inmenso
Narciso que mira,
piensa y se piensa en el dulce cristal
de la fuente dormida
hasta que un gesto perturba las aguas
borrando el paisaje.
Todo universo que el agua refleja
confluye en lo eterno,
mientras dialogan los bosques, las aves
en nubes cabalgan.
Mi narcisismo transforma a los seres
en flores y plantas,
hace brotar de sus pétalos suaves
fragancias y olores
pues se anarcisan conmigo sintiéndose
parte del agua.

II
En los juncos del lago, junto al agua divina, se desnudan las ninfas,
más tarde se sumergen derramando sus gracias, diluyendo las ansias.

Aguas de madrugada que en silencio se posan
sobre dormidos cuerpos y los curan, los limpian
restituyendo al alba tamizadas figuras.
Después construyen charcas donde mezclan lo oscuro
con la yacente arcilla desgajando los magmas
que el humano acumula desde su advenimiento.
El agua es un ser vivo, pasajero de un cuento
que el humano desbroza, y en el cuento es el agua
la que muere, nos deja y regresa hecha escarcha.
En los cuentos del agua se reflejan murmullos
de risas cristalinas, más tarde, cuando cesan,
ahogadas por lo oscuro, su fragancia se muere,
se hunde en lo profundo y hasta se pudre el alma.

III
Hay voces en los ríos ahogadas por los vientos
que en cascada descuelgan pesares y lamentos

Eres agua profunda. En tu seno florecen
las esencias de un sueño. Partícula divina,
apócope de verso escindido del cielo.
Cada gota contiene mensajes que proceden
de un íntimo universo que incesante nos llama.
Antes de recorrerte, el humano posaba
sus muertos en tus aguas. En ataúdes árbol
—maternal envoltura—, el río rescataba
el origen del ciclo, el humano comienzo
de la vida que acaba devolviéndola al seno
de madres que la esperan para parir de nuevo.

IV
El agua se recoge, en sus múltiples danzas,
en un solo recuerdo, dinámica del tiempo,
metáfora de sombras que viste de silencios
la visión solitaria de algún líquido sueño.

Cuando el bosque en la noche oscurece los cuerpos
el agua los rescata y florecen los tallos
de profundos misterios descifrados en versos.
Esas aguas ligeras que te toman o dejan,
esas aguas extrañas de tomillo y romero,
esas aguas pesadas que al hendirlas reflejan
las vísceras y el hueso; el vacío y la nada.
Esa savia terrestre que se inmola, se escapa,
resurrección constante del alma atormentada.
Se lleva los paisajes y construye sus valles,
su belleza es la muerte que la aúpa hasta el cielo
para etérea volver como nieve que adorna
las inclinadas ramas de un joven rododendro.

V
¿Eres agua, ese fuego que en la noche desvela
a fogosos amantes? ¿Eres llama mojada
que empapando los cuerpos purifica y eleva?
¡Dime llama!, ¿eres agua?¡Dime agua!, ¿eres llama?

El agua en su pureza
al mirarse en sí misma
se refleja al completo.
Se convierte en espejo,
es cielo y arboleda,
imagen absoluta
del más tierno misterio.
La flor se vierte líquida
en múltiples luceros,
se deslumbra la estrella,
atrapa un ave al vuelo
y en colores la viste.
La piedra se hace nido
—galaxia sumergida—
regresando a las frondas
del útero materno.





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Criptograma de porcelana

(Ella supo de la lluvia cuando mi mirada goteó hasta su escote)

Besar la forma de tu boca no es un poema
aunque gozar del tacto de tu labio
sea una aproximación a la poesía.

Besar tus ojos
y perderme en el azul de tu iris
es un principio poético
mas no poesía, no.

Poesía, amada, es besar
tu boca en la arista de un azul
y perdernos en el ensueño profundo 
que lleva al milagro de amar.
II
Mortalmente hieres mi cuerpo con tu cuerpo
cuando a hurtadillas te asomas
y descubres, no el poema,
sino el alma que le dio vida quitándosela.

El amor es a veces un reloj antiguo
lleno de bosques. Y agua. Y bichos.

Mi cuerpo dolorido
es un trozo de tierra cansada
que sigue la senda del polvo
buscando la noche del fuego antiguo.

¿Recuerdas, mi ama,
cuando extendías mi piel de hombre
junto a tu cama?
¡Ah! Instantes petrificados
en el dibujo de tu cuerpo
en tanto arrebatabas el ánima invisible
de mis pájaros.
III
Esos pechos de punta arisca,
ese bombín de agrio fieltro
modelando el cráneo de la bestia.
Esa mirada de lluvia degollando
la simetría del retrato.

Me urge el temor vertical de los conceptos;
esa nave esbelta llena de gamos,
la sombra elemental de tus silencios.
Mas…
todo ello me asusta, amor,
cuando veo la gota amordazando la brisa
mientras la banca de Londres resopla
hasta perder el habla y los signos.

Somos tulipanes naufragados
en el credo incorregible de las rocas,
sin más compañía que el estruendo
de un mar amplificado
en su alma de caracola.

La luz del horizonte, querida,
suele ser más bella
cuando nos mira.
IV
Siento a veces la urgencia de volar
entre porcelanas y tatuajes
de lágrimas.

¡Ciegos! ¡sí, ciegos!
¡estamos ciegos de demasiada luz!
El ojo es el vehículo de todas las fugas,
el oído la concha de todas las repeticiones,
la memoria es culpable de nuestros infiernos.

¡Ah, la memoria! ¡huella mnésica!
¡corteza seca! ¡ceniza amarga!
deberemos enfrentarla desnudos
aunque sea a tientas.
Tal vez sea el único modo
de brillar en la oscuridad,
sin fisuras ni dualidades,
blandiendo la brillante espiga analógica
frente al rememorador efecto de la cifra.
V
La lira de Orfeo como ofrenda musical
de reverberación y ocultamiento,
calcificación inevitable de lo cotidiano
donde lo imitatio es transmutatio;
cuando el Tú deviene en un Yo
creado a imagen y semejanza.
Nuboso retorno a lo indeterminado,
a lo críptico, irrevelado,
semilla de azúcar sedienta de instantes,
perianto de joven flor
deteniendo la totalidad del mundo
en un trasvase de luz
que una al semejante
y le asigne un nombre




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Alguien se equivocó de guerra


Hemos roto el tallo de la última flor...

(Lágrimas, plis)

Y construimos un puente oral
para sortear el abismo diario;
un puente preciso, fuerte,
d i a m a n t i n o,
para así asumir la realidad
de la forma superficial
del problema de fondo.

¿Problema? ¡Oiga, poeta! ¿Qué problema?

Brotan, del infinito pretérito,
lamentos del trigo verde;
muere, avergonzada,
la inocencia del espliego.

¿En verdad el espliego era inocente? ¡Venga ya!

Alguien... guien... ien... en... n......

¿Quién, hombre, quién?

¡Alguien o todos, señores,
se ha se han nos hemos
equivocado de guerra!

Antonio García Vargas
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