domingo, 5 de diciembre de 2010

Juan Antonio BJ



No digo adiós cuando lo digo


No quiero que el otoño vuelva con tus ojos,
con tus señas,
con dagas oxidadas
que reclaman muerte en las aceras.

Deja que la lluvia sea mía como antes,
que me guarde del frío como pueda;
deja que la vida me lleve,
que apure este veneno sin nostalgia, sin tristeza.

Celsa Barja Rodríguez


No sólo quiero


No sólo quiero besar tus labios,
si no las miserias
que han mordido tu boca,
reconciliarte con tus sueños,
acercar mi fuego
a la copa helada  de tu pecho,
hasta hacer del hielo ternura
que escape acariciándote,
gota a gota...
Vestirme de música
hasta que tiemblen tus manos
al quitar el último encaje
de vergüenza solapada,
planchar el presente,
derrumbar los diques
que contienen el océano prístino 
con su resaca de desmayos,
inventarte noches entre mis pestañas
para que me transites
sin importarte el destino,
asfixiar entre mis piernas tus tormentas,
rendir entre sonrisas tus olvidos,
desdoblarme a ti, inocente y obscena,
evanescer mi saliva
en la hojarasca de tu espalda,
con la lengua almibarada
de quien no teme entregarse,
aún a cambio de nada...
No es una guerra
de soledades vírgenes la que te ofrezco...
Es más bien algo así
como volver eterno un momento fugaz,
el querer que busques tu principio
en el cáliz de mis adentros,
en un rezo de piel impregnado tu litoral,
encender la fiebre de tus cosquillas
con el aliento bermellón de la caricia,
suspirarte en el abrazo,
combustible y candente,
mientras mueres en mis músculos abiertos,
mientras naces en el horizonte
de las grietas de mi vientre,
mientras me hundo en la zozobra
que solloza en el sur de mis orillas...

Don Vito

Trasiego 


Vivo entre el generoso paraiso de tus muslos,
camino errante hacía la eternidad distante
el cielo se despeja de noches y otros cúmulos,
cuando recorro el interior de tu sueño parlante..
Voces que agonizan donde tus manos se entronizan,
territorio conspicuo invadido por un despistado amante
que solloza felicidad bajo una lágrima insinuante,
el placer invade las dunas que tus pechos ridiculizan..
Enmudeces gemidos tras gritos compartidos,
arrugas sábanas empapadas con tu celestial sudor
el último empujón derrota todo tu pundonor,
eres la sultana de mis laberintos entumecidos...